Bandoneón Alfred Arnold | Historia del mítico Doble A y la fábrica de Carlsfeld
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Existe un instrumento sin el cual el tango no sería lo que es: el bandoneón. Y dentro del mundo del bandoneón, existe una marca sin la cual el tango no sonaría como suena: el Alfred Arnold, conocido universalmente como el Doble A. Los bandoneonistas argentinos tienen sobre él una frase que lo dice todo: "Nueve de cada diez estrellas lo usan".
El Doble A no es solo un instrumento. Es un misterio de fabricación, una herencia de guerra, una especie casi extinta y el corazón sonoro del tango rioplatense.
El origen: Carlsfeld, Sajonia
La historia del Doble A comienza en Carlsfeld, una pequeña localidad de Sajonia, en el este de Alemania, donde a mediados del siglo XIX Carl Friedrich Zimmermann comenzó la fabricación industrial del bandoneón. En 1864 vendió su fábrica a Ernst Louis Arnold, cuya familia continuaría la tradición por generaciones.
En 1911 el hijo menor, Alfred Arnold, fundó su propia empresa: la Alfred Arnold Bandonion- und Konzertina-Fabrik Carlsfeld. En 1929 salió de esa fábrica el primer bandoneón con las siglas AA — las iniciales del fundador — cuya calidad de sonido y mecanismo revolucionó el mercado mundial. La marca Premier, también muy apreciada, era producida en la misma fábrica.
El período dorado y la llegada a Argentina
Entre 1911 y el inicio de la Segunda Guerra Mundial llegaron a Argentina alrededor de 25.000 bandoneones, la gran mayoría de ellos Doble A. El período más prolífico de la fábrica coincidió exactamente con la época de oro del tango: las décadas del 30 y del 40. Los instrumentos de ese período — construidos con aleaciones metálicas que los artesanos de Carlsfeld guardaban como secreto de Estado — son hasta hoy los más codiciados por los músicos de tango de todo el mundo.
Astor Piazzolla les dedicó una pieza: Tristeza de un Doble A, un homenaje musical al instrumento que definió el sonido de su vida.
La guerra, la expropiación y el fin de la producción
La Segunda Guerra Mundial interrumpió la producción. En 1949, cuando Carlsfeld quedó dentro de la República Democrática Alemana, la fábrica fue expropiada y convertida en una planta de bombas para motores diesel. Los descendientes de los Arnold que pudieron escapar al oeste intentaron retomar la fabricación en los años 50, pero los Doble A de posguerra no lograron la calidad de los originales. La producción cesó definitivamente en 1971.
Desde entonces, no se fabricaron más bandoneones Doble A. Los instrumentos originales — los que llegaron a Argentina antes de la guerra — se convirtieron en una especie en extinción.
El mercado actual: escasez y fuga de instrumentos
De los 25.000 bandoneones que ingresaron a Argentina hasta la Segunda Guerra, una parte considerable salió del país en manos de coleccionistas y músicos extranjeros. Los japoneses y los alemanes son los principales compradores: algunos los adquieren para tocar, otros para coleccionar. Se conocen casos de cirujanos japoneses con colecciones de docenas de instrumentos que nunca se tocaron.
El precio de un bandoneón varía según su marca, estado y antigüedad. Un buen Doble A puede alcanzar valores muy elevados en el mercado internacional, lo que incentiva su salida del país. Los músicos porteños observan con preocupación cómo el acervo de instrumentos disponibles en Argentina se reduce año a año.
El renacimiento de la fábrica en Carlsfeld
A comienzos del siglo XXI, el municipio de Carlsfeld anunció el regreso de la producción de bandoneones Doble A. La licencia para fabricar instrumentos fieles a los originales fue transferida por los descendientes de Alfred Arnold al municipio, con la condición de retomar la producción en el lugar histórico — la misma casa de Arnold, que hoy es también el Museo del Bandoneón de Carlsfeld.
El proyecto convocó a artesanos con conocimiento del instrumento para intentar recuperar la calidad de los Doble A originales. La pregunta que los músicos se hacen es siempre la misma: ¿podrán los nuevos sonar como los viejos? Como decía el bandoneonista Leopoldo Federico: "Los bandoneones siempre son un misterio. Uno siempre está buscando el bandoneón de su vida. Yo, la verdad, me quedo con los viejos y descascarados."
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