Atenti pebeta | Historia del tango de Ciriaco Ortiz y Celedonio Flores
En 1932 Ciriaco Ortiz publicó su primera composición propia con letra de Celedonio Flores. El resultado fue uno de los tangos más queridos del cancionero popular — un consejo de zorro viejo a una pebeta del barrio para que no se deje engañar por los bacanes del centro. Lo curioso: Gardel no lo grabó, pese a que Celedonio era uno de sus poetas predilectos. La primera versión fonográfica fue la de Alberto Gómez el 10 de octubre de 1929.
Atenti pebeta es el tango de Ciriaco Ortiz por antonomasia — su obra más popular como compositor — y uno de los tangos de corte humorístico más logrados de Celedonio Flores.
Ciriaco Ortiz: el cordobés del tango
Ángel Ciriaco Ortiz nació en Córdoba el 5 de agosto de 1905. Lo llamaban Ciriaquito — el gran Ciriaco era su padre. El boliche familiar fue su escuela: a ese modesto salón llegaban vuelta a vuelta José Razzano y Carlos Gardel, que terminaron grabando dos composiciones suyas, Sueños y Nena. A mediados de 1920, la orquesta de Roberto Firpo pasó por Córdoba y tuvo un problema con Pedro Maffia. Firpo incorporó a Ciriaquito, que tenía apenas quince años. Iniciarse reemplazando a Pedro Maffia en la orquesta de Firpo era entrar al tango por la puerta grande.
Llegó a Buenos Aires en 1923 de la mano del pianista Nicolás Vaccaro. En 1927 debutó en la radiotelefonía en Radio Cultura y formó su famoso trío con las guitarras de Spina y Menéndez. Colaboró con el sexteto de Vardaro-Pugliese en 1931. Al año siguiente publicó con letra de Celedonio Flores su primera composición propia: Atenti pebeta, editada por Alfredo Perrotti. Luego formó su orquesta Los Provincianos — con Aníbal Troilo y Horacio Golino en bandoneones, Elvino Vardaro y Manuel Núñez en violines. Acompañó a Tito Schipa y al conjunto de Canaro secundó a Gardel en sus últimas grabaciones en estudios argentinos.
Además de su talento, Ciriaco Ortiz disponía de una irresistible simpatía. Sus dichos cordobeses hacían las delicias de los porteños. Cuando alguno le reprochaba su tonada, él invocaba su amistad con Gardel — heredada de su padre — como fuente de legitimidad tanguera. De Tania, que disimulaba su edad con arte, dijo alguna vez que a la cédula de identidad se la había firmado el comandante Ciriaco Cuitiño, posiblemente en 1838, y que había llegado a América como azafata de una de las carabelas de Colón.
Por qué Gardel no lo grabó
Atenti pebeta es uno de los tangos de Celedonio Flores que los gardelianos más lamentan que el Zorzal no llevara al disco. Gardel grabó 21 temas del Negro Cele — Mano a mano, Margot, El bulín de la calle Ayacucho, Canchero, Pan — pero Atenti pebeta quedó fuera. No hay registro de las razones. La primera versión fonográfica fue la de Alberto Gómez el 10 de octubre de 1929.
Ficha técnica
- Título: Atenti pebeta
- Género: Tango
- Música: Ciriaco Ortiz
- Letra: Celedonio Flores
- Año: 1929
- Primera grabación: Alberto Gómez (10/10/1929)
Grabaciones destacadas
- Alberto Gómez (10/10/1929) — primera grabación
- Alfredo De Angelis con Julio Martel (1949)
- Edmundo Rivero — versión considerada de referencia
Análisis literario
Atenti pebeta es un tango de advertencia con filo humorístico — un género que Celedonio dominaba a la perfección. La voz que habla es la de un zorro viejo que le da consejos a una pebeta del barrio sobre cómo manejarse con los bacanes del centro. Los consejos son un catálogo de las trampas del seductor porteño: los guantes patito, las polainas, los sobretodos con catorce ojales, los bigotitos de catorce líneas que en vez de bigote son un espinel.
El lunfardo espeso de la letra es una marca de Celedonio — el poeta que Gardel definió como alguien que escribía con las palabras del pueblo. Hacete la chitrula, no te le deschaves, que no manye que estás lista al primer tiro de lazo. Son versos que suenan como se habla en el arrabal, no como se escribe en un libro.
La ironía central del tango es que el consejo del zorro viejo también es la descripción de los propios vicios del narrador. El que advierte conoce tan bien las trampas porque alguna vez las usó. Esa ambigüedad — el pícaro que alecciona — es la que le da al tango su particular gracia y su perdurabilidad. No es un tango de amor sino de conocimiento — el conocimiento cínico y afectuoso del mundo del arrabal.
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