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Amurado | Historia del tango de Pedro Maffia, Pedro Laurenz y José De Grandis

En 1925, en el entrepiso del Café El Parque de Lavalle y Talcahuano, Pedro Laurenz fue a visitar a su amigo Enrique Pollet, que actuaba allí con su orquesta. José De Grandis, violinista del conjunto, sacó unos versos que había escrito y se los mostró a Laurenz: ¿le ponías música si el tema te motiva? Laurenz leyó y dijo: Fenómeno, dale. Se puso a componer la primera parte ahí mismo — pero tuvo que salir corriendo al Select Lavalle, donde lo esperaba el sexteto de Julio De Caro. En el apuro tuvo una idea: ¿por qué no compartir esos versos con un músico también estupendo? Le pasó la letra a Pedro Maffia, primer bandoneón del sexteto. Maffia compuso la segunda parte. Entre los dos armaron Amurado.

En 1927, cuando De Caro lo estrenó en el mismo cine con un éxito increíble, los tres cantores más importantes del tango lo grabaron en pocos meses: Gardel el 22 de julio, Magaldi el 10 de septiembre, Corsini en abril del año siguiente. La trinidad del canto popular argentino reunida por un mismo tango — algo que solo ocurrió nueve veces en la historia.

Pedro Laurenz: el cadenero de La Boca

Pedro Laurenz nació el 10 de octubre de 1902 en un conventillo de la calle Garibaldi, en La Boca. Se crió en Villa Crespo y de adolescente se trasladó a Montevideo. Estudió primero violín y luego bandoneón. Con 22 años entró en 1925 al recién formado sexteto de Julio De Caro en reemplazo de Petrucelli — uno de los conjuntos más influyentes de la historia del tango. Allí formó pareja de bandoneones con Pedro Maffia, el más destacado de la historia del instrumento.

Laurenz interpretaba el bandoneón con un estilo al que llamaban cadenero — como el caballo que va al frente del carro marcando el paso de los demás. Horacio Ferrer lo describió en un poema: quien lo ha visto tocar decir pudiera / que no era un fueye, che, lo que apretaba / sino un potro con teclas que mandaba / un relincho de sangre compañera. En 1934 formó su propia orquesta — con Blasco y un joven Osvaldo Pugliese —, que actuó hasta 1953. En 1959 integró la primera formación del célebre Quinteto Real junto a Horacio Salgán, Enrique Mario Francini, Ubaldo De Lío y Rafael Ferro. Murió el 7 de julio de 1972.

Sus composiciones más recordadas además de Amurado son Como dos extraños, Milonga de mis amores, Mala junta (con Julio De Caro), Berretín y Mal de amores. Conoció a Gardel en los entretelones de Buenos Aires en 1926-27 y afianzó la amistad cuando convivieron meses en Francia. En la película Luces de Buenos Aires, Laurenz y De Caro aparecen de extras en la escena en que Gardel canta Tomo y obligo — y en el Casino Mediterráneo de Niza, Gardel los presentó a Charles Chaplin, quien bailó tangos con la orquesta de De Caro.

Pedro Maffia: el más grande del bandoneón

Pedro Maffia nació en el barrio de Balvanera el 2 de agosto de 1899. El crítico Luis Adolfo Sierra lo definió como ejecutante eximio, artista de exquisita sensibilidad y creador de un concepto distinto en la ejecución del bandoneón. Integró el sexteto de Julio De Caro — donde formó con Laurenz la pareja de bandoneones más admirada de la historia — y fue también maestro de generaciones: Troilo, Ciriaco Ortiz y Alfredo De Franco fueron sus discípulos.

Su estilo era de tinte gris, melancólico, romántico, lírico e intimista. Sus composiciones más recordadas además de Amurado son Pelele, La mariposa, Noche de reyes, Diablito, Heliotropo, Taconeando y Ventarrón. La variación que compuso para la segunda parte de Amurado — ejecutada una vez en los agudos y otra en los graves — pasó a la historia como uno de los grandes hallazgos del bandoneón en el tango.

José De Grandis: el violinista que escribía tangos

José Pedro De Grandis nació en Buenos Aires el 27 de febrero de 1888. Fue violinista de profesión — actuó en varias orquestas de la época — y también letrista de tango. Murió el 3 de diciembre de 1932, a los 44 años, de una enfermedad incurable. Su obra quedó eclipsada por Amurado — el único tango suyo que sobrevivió masivamente en el cancionero — aunque Gardel le grabó siete tangos entre 1926 y 1929: Mi diosa (con Francisco De Caro), Amurado, Cotorrita de la suerte (con Alfredo De Franco), Viejo curda (con Guillermo Barbieri), Aquel muchacho triste, La casita está triste (con Luis Bernstein) y Recordándote (con Barbieri).

El crítico Orlando del Greco señaló dos imágenes de la letra de Amurado como hallazgos genuinos: una tarde más tristona que la pena que me aqueja y pero llevo más en curda a mi pobre corazón. Con algo de Contursi y algo de Celedonio, De Grandis escribió el tango más logrado de su breve carrera — y uno de los más grandes de toda la historia del género.

La censura y el nombre alternativo

Amurado es voz lunfarda proveniente del genovés amurà — inmovilizar, abandonar, dejar plantado. Por esa razón, la censura obligó a agregar en la etiqueta de los discos el subtítulo Abandonado, su traducción adecentada. La palabra era demasiado arrabalera para los censores, aunque el tango que la contenía ya era indestructible.

Ficha técnica

  • Título: Amurado
  • Género: Tango
  • Música: Pedro Laurenz (primera parte) / Pedro Maffia (segunda parte)
  • Letra: José De Grandis
  • Año: 1925 (composición) / 1927 (grabaciones)
  • Estreno: Sexteto Julio De Caro (12/07/1927)

Grabaciones destacadas

  • Carlos Gardel (22/07/1927) — primera grabación cantada
  • Agustín Magaldi (10/09/1927)
  • Ignacio Corsini (08/06/1927 / 19/04/1928)
  • Sexteto Julio De Caro (12/07/1927) — estreno discográfico instrumental
  • Pedro Laurenz con Juan Carlos Casas (29/07/1940)
  • Osvaldo Pugliese (24/11/1944)
  • Pedro Laurenz instrumental (16/01/1947)
  • Pedro Laurenz con Alberto Podestá (25/09/1952)
  • Edmundo Rivero (1958)
  • Roberto Goyeneche — versión muy celebrada

Análisis literario

Amurado es el tango del abandono sin palabras — el que describe la partida de la mujer en una sola imagen devastadora: arregló su bagayito y se fue. El narrador no le dijo una palabra, ni un reproche, ni una queja. La miró alejarse y pensó: todo acabó.

Lo que sigue es el inventario del vacío: la catrera desolada, el cuadrito que quedó en la pared, las pilchas viejas, las flores. El bulincito como testigo mudo de las amargas desventuras — no te extrañe que hable solo, que es tan grande mi dolor. Y luego la imagen más lograda de toda la letra, señalada por Orlando del Greco: voy en curda… no lo niego / que será muy vergonzoso / pero llevo más en curda / a mi pobre corazón. La borrachera del corazón supera a la del cuerpo — y esa hipérbole sencilla concentra toda la filosofía del tango sobre el amor perdido.

El tango tiene también la huella de la Guardia Nueva: es más elaborado musicalmente que los tangos de la Guardia Vieja, más melancólico que dramático, más íntimo que grandilocuente. La música de Laurenz y Maffia — con esa segunda parte que el propio Laurenz consideraba la cumbre del tango — le da una profundidad que la letra sola no hubiera alcanzado.


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